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“Ser pobre no te hace de izquierda, tener mejor situación que muchos no te hace de derecha”.-

Por Anita Quiroga  Araya (*)

Hay gente que se pregunta por qué me defino de centroizquierda si tengo una vida “acomodada”. Si tengo un par de autos de marca, viajo al extranjero, salgo a comer y lo paso bien. Como si tener hoy la vida que tengo no tuviera mucho que ver con las oportunidades que tuve y la historia de mi familia… una familia de origen muy humilde, de verdad pobre y de la que me enorgullezco más que nada.

Mi abuela materna ni siquiera supo quien fue su padre, era hija natural y tenía un solo apellido. No terminó el liceo porque tuvo que salir a trabajar siendo adolescente y gracias al oficio de costurera pudo educar a sus hijos, uno de ellos mi madre, que pudo estudiar pedagogía en la Escuela Normal de Copiapó.

Por el lado de mi padre la cosa también fue dura: mi abuela era viuda cuando conoció en la Pampa Nortina de María Elena a mi abuelo Hernán. Mi papá fue enviado de interno a la Escuela de Oficios que tenía la UTE en Copiapó siendo un niño (a los 12 )años, en una época donde la única forma de saber del otro era una carta o un telegrama…Pienso en mi padre tan chico y a cientos de km de su familia y se me parte el corazón de madre… estudiar era un derecho y no un privilegio y gracias a eso pudo recibirse de Ingeniero de Ejecución en Minas años más tarde... era imposible que no fuera de izquierda viniendo del mundo de las salitreras, ese que tiene una historia de explotación y pobreza. Por esas ironías de la vida estaba en el norte cuando el 73 lo detuvieron, encarcelaron y fusilaron con solo 33 años.

“Estudiar es la única forma de salir de la pobreza”, me decía siempre mi abuela, ¡¡aprovechar las oportunidades que pocos tienen!! Así fue que siempre puse mi mayor empeño en ser la mejor, no defraudar a quienes veían en mí un futuro distinto y mejor.

Me fui a la U con ese sentido de responsabilidad, apoyada con el sacrificio familiar que tuvo muchas manos… las de mi abuela cosiendo vestidos, la de mi madre haciendo clases extras para mandarme algo de plata, las de mi tío que le prestó su casa a mis abuelos para que ellos arrendaran la suya y me pagaran la pensión… la de amigos y amigas con quienes compartíamos incluso la bandeja de almuerzo en el casino de la U…

Y me recibí y volví a mi tierra a trabajar llena de sueños después de 5 años, donde además comencé a participar activamente en política, convencida de que otro Chile era posible y necesario, sin Dictadura y donde la patria justa fuera de verdad. Siempre con el corazón a la izquierda, porque de otra manera era imposible. En la DC progresista y chascona, la de Mariano Ruiz Esquide, de María Rozas, de Claudio Huepe… de Micco, Yerko y Pete Cistenas…

En Copiapó trabaje en Pedro León Gallo y unas horas por la tarde en la consulta dental del Dr Enrique Garay, a quien le agradezco la generosidad de facilitarme su consulta y parte de su clientela (porque lo hizo conmigo y no con otros sigue siendo un misterio, quizás la amistad con mi abuela que por años le hizo los vestidos a su señora, la Pinita). Años de trabajo intenso y reconocimiento de mis pacientes que me permitieron ir consolidando un patrimonio personal y familiar, sin olvidar nunca el compromiso con quienes veían a la atención dental como un privilegio y no siempre podían pagar. Años de trueque en que recibí bicicletas, máquinas de coser, carne, tortas, cortes de pelo y muchas cosas más, a cambio de atención dental…

Años de conocer y agradecer la amistad y el cariño de muchos que pasaron por mi consulta y que creo fueron también apoyo en votos cuando fui Concejala y candidata a Diputada. Y siempre con el corazón a la izquierda, sin disfrazar nada, sin vender la pomada. Sin avergonzarme de poder vivir mejor gracias al trabajo… Ser pobre no te hace de izquierda, tener mejor situación que muchos no te hace de derecha

No olvido de donde vengo y mi compromiso con la política tiene que ver en cómo lograr que muchos tengan las opciones que tuve para llegar donde estoy hoy. Por el colectivo de un país justo donde la educación, la salud, una pensión digna, una vivienda en un barrio seguro, no dependan de la plata que tienes, como ocurre hoy. Ese será mi sueño hasta mi último suspiro.

Ese es el modelo de sociedad que me inspira, no el que pone el individualismo de “mis derechos” por sobre la posibilidad real de “nuestros derechos” como ocurre en países mas avanzados que nosotros, donde no hay “comunismo” sino socialdemocracia… más cerca de Europa que de EEUU, menos mercado y mas estado. Ese que seguirá siendo un sueño para mí y que hace que me sienta una ¡orgullosa mujer de centroizquierda!

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(*) Anita Quiroga Araya es odontóloga de la U. de Concepción. Actualmente es Directora de Atención Primaria del Servicio de Salud Metropolitano Central.

Ex Concejal en Copiapó, también fue candidata a diputado por la zona, atacameña hasta los huesos…y consecuente.

Categories: General, Nosotras, Opinando

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