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“…Oirás del verde bosque la llamada, y codo a codo con tus camaradas, hacia un bello porvenir caminarás…”

Un guerrero incansable, no en vano le llamábamos “Highlander, El Inmortal”. Una de la “Viejas Cortezas”, compañero de tantas prácticas en Llancacura, en La Unión, en Valdivia. Luego colega en innumerables congresos, simposios y cuanta reunión forestal hubiese. Siempre estaba allí “Don Feña”.

Creador del himno de los ingenieros forestales de la Universidad de Chile, cantor de fogatas, contador de historias, amigo acogedor siempre dispuesto. Dirán que son cosas banales, que hay que recordarle por las cosas importantes que realizó. Pues debo decir que lo mas importante que hizo Don Feña, durante toda su vida, fue enquistarse en el corazón de sus alumnos, de sus colegas, de sus amigos, como él solo sabía hacerlo. Y esa fue siempre la mejor manera de cultivar el conocimiento, pues nos enseñó a amar todo lo concerniente a nuestra profesión forestal. Y esa enseñanza JAMÁS podrá borrarse.

Los comunicados sobre su partida son escuetos, hasta mezquinos diría, pues no reflejan el eterno impulso a la profesión forestal, su inclaudicable defensa del bosque nativo y su interminable entrega pedagógica en varias universidades, escuelas y centros de estudio.

Perteneció a la primera generación de ingenieros forestales, egresados en 1954. Don Fernando fue académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile, llegando a ser Director de la Escuela de Ingeniería Forestal. Fue además profesor invitado en distintas universidad en el extranjero. Realizó estudio de postgrado en Francia, en la Ecole des Eaux et Forets de Nancy, obteniendo el grado de Doctor en Ciencias. Dentro de su trayectoria profesional destacó como consultor forestal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), jefe del Plan Nacional de Reforestación y Director Forestal del Servicio Agrícola y Ganadero.

No puedo dejar de recordar que también fue parte de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad Iberoamericana, que me toco dirigir. Allí pude aplicar en mis alumnos esa impronta de cariño por la profesión, esa mística que él me enseñó mientras fui estudiante. Parte de eso quedó plasmado en el himno y la bandera que hoy los ex alumnos aun recuerdan.

Además de desarrollar una fructífera labor gremial, siendo Presidente del Colegio de Ingenieros Forestales de Chile (1994-1995), miembro honorario del Consejo de la Corporación Chilena de la Madera y consejero del Instituto Forestal, donde estuvo siempre antepuso sus valores humanista cristianos, tanto para la preservación de los recursos naturales, como para respetar al hombre, depositario de esos recursos.

Se fue un 9 de agosto, día de los Justos. Las llamas no podrán nunca acallar su guitarra y de seguro estará ya cantando “La Negrita Concepción” allá en el cielo, junto a tantos que lo esperaban, como Hamelín, Aicón, Delarrosa, Urrejola, Guillermo Moya, Cucalón, Manuel Toral, Rodolfo Gajardo, Hugo Pinto y tantos otros que han ido con el machete abriendo el camino para nosotros.

Categories: Editorial, General

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